Siempre recuerda llegar del colegio y sentir el aroma de la comida que ella estaba haciendo para sentarse a almorzar. Esos olores junto con la suave voz que lo saludaba desde la cocina son cosas que marcaron su infancia. Al entrar, una sonrisa amorosa lo esperaba con un plato de comida caliente en la mesa. Los años pasaron y su madre gorda, además de ser buena cocinera, también es una zorra divina, por eso luego del comer, procede a agarrar sus tetas para luego ponerla a cuatro patas y darle una follada a su coño. Ella goza mucho con la polla de su hija, es lo que se merece por ser buena madre.

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