No soy de los típicos tíos que van haciéndose los despistados para colarse en baños de señoras sólo por ver si ve algún potorro pero el otro día llevaba tal apretón encima que no tuve más remedio que meterme en el de mujeres al estar ocupado el de hombres. Nada más entrar allí se me fueron todas las ganas de giñar porque me encontré a una señora rellenita acicalándose, con la falda por la cintura y pidiendo a gritos que alguien entrara por la puerta para echarle un polvo.


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