Siempre que veo un video club con peliculas porno me acuerdo con añoranza de aquella época dorada cuando ibas a alquilar una porno y tenías que entrar en un cuartucho oscuro repleto de cintas de vhs. La verdad es que se pasaba un mal trago y esperabas el momento en el que no había nadie para entrar corriendo, luego lo peor era salir porque te podías encontrar con cualquier vecino cotilla que seguramente iría a contárselo a tus padres. Pues esta madura gorda regenta uno de los últimos videoclubs de peliculas porno de su país y se ve que tantos años le han afectado demasiado: se ha convertido en una cerda que se folla a diestro y siniestro y además ni se esconde en la trastienda. Su último empleado es un joven negro que satisface con creces sus necesidades sexuales, el tipo se maneja muy bien con las viejas y a la vista está que entre ellos saltan las chispas y no de leche precisamente…

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