Que la mujer de tu vecino llame a tu puerta para pedirte un poco de sal no tiene nada de extraño, ahora, que lo haga vestida como una auténtica fulana es cuanto menos sospechoso y es recomendable invitarla a entrar por si realmente quiere algo más. Pues esta gordita vio las puertas del cielo abierta cuando su marido le dijo que tendría que irse un par de días de viaje con su empresa, jamás se había quedado sola y ese era el momento ideal para conocer más a fondo a su vecino, un joven negrito soltero que vivía solo y seguramente tendría cosas interesantes de las que hablar con él…

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