Siempre había querido follarse a una madura, a ser posible gorda, pero jamás pensó que sería su vecina. Se conocían de toda la vida, muchas veces iba a su casa. Pero esa vez fue diferente. Empezó a enseñarle algunas cosas como tantas veces había hecho, pero la vieja quería algo más del joven esta vez, quería su polla. En realidad el muchacho se sentía atraído sexualmente por ella, solo que la consideraba fuera de su alcance. Pero al ver que ella se aproximaba cada vez más, que sus tetas estaban al alcance de su mano, y que al tocarlas ella sonreía supo que había llegado el momento.
Al poco comenzaron a besarse, la penetración vaginal a esa madura no tardó en llegar. Era una delicia ver como la gorda saltaba sobre el rabo del muchacho, mientras sus dos enormes tetas saltaban y botaban de forma casi hipnótica.

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Duración: 06:01
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