Hace más de 200 años, su propio raza empezó lo que ahora se considera una tragedia, pero luego que el mundo cambio y se entendiera lo mal que estaban, las coas no pintan para mejorar. Porque aunque ya estamos lejos de la esclavitud, un hombre negro no está exento de servir para los demás. Como este hombre negro a quien estas dos ardientes gordas blancas ponen a trabajar. Él tiene la dura labor de complacer el coño de ambas zorras y parece que no lo dejaran salir de ahí hasta que ellas estén satisfechas. Tiene que mantener su polla hasta que ellas estén felices.

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